Teo Peñarroja

Me llamo Teo, como el de los cuentos. Me gustan los cuentos. También me gusta el mar, sobre todo en septiembre. Me gustan las noches de verano y tú. Me gusta leer. A veces escribo. Tengo afición por las causas perdidas y los sueños imposibles. Mi ángel de la guarda se llama Leo, como mi abuelo Leopoldo, al que solamente conozco por su poesía. Quizá por eso me gusta la poesía.

Soy valenciano, de Vall d’Uxó, Castellón. Y eso no es solo un gentilicio. Es una forma muy particular de ver el mundo. Siempre tengo a sol poniente la Sierra, y todas las mañanas me saluda, con el sol, por el Levante, el mar nuestro. He emigrado a Pamplona para estudiar Periodismo y Filosofía. Aprendí a conducir el invierno pasado, y cada mañana veía detrás del parabrisas al sol levantarse sobre la nieve de las cumbres navarras. No sé si fue entonces, o cuando probé el pincho de chistorra con la buena sidra, cuando me enamoré de la recia Navarra.

Me hubiera gustado ser Barbarroja o Livingston (doctor Livingston, supongo), o haber acompañado a Colón al Nuevo Mundo. En general, cualquier historia de aventuras, amor, viajes y heroísmo me mola bastante. Sí, quiero hacer de mi vida una historia que valga la pena contar. Creo que el hombre es un ser narrativo.

Me gusta contar historias. Por eso estudio esto, porque así puedo leer mucho y escribir mucho. Quiero hablar a la gente de lo que es importante. El año pasado empecé a contar historias que pasan desapercibidas en Diario El Prisma; ese verano tuve un gran proyecto, pero nunca llegó a realizarse, y ahora soy uno de los creadores de Je Suis Réfugié, porque me parece que vale la pena hablar de esto.

De mayor tendré un bungalow en Denver (Colorado).

 

Anuncios