Marta Arias a bordo del Astral

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Marta Arias (Salamanca, 1986) ha intentado dejar el periodismo muchas veces, pero siempre acaba volviendo porque no puede dejar de contar. “Porque está pasando, porque hay que contarlo, porque necesito ir, verlo y conocerlo para luego poder explicarlo. Es la necesidad de contar historias”, resume. 

Ha vivido en Madrid, París y Barcelona, donde desde hace un año está casi a tiempo completo en la sala de máquinas de Revista 5W. Además, colabora en El Mundo, Radio France Internacional, The Guardian, El Comercio de Perú y Planeta Futuro. En el último año, ha hablado de Calais y de refugiadas. En septiembre, estuvo en el Mediterráneo con la tripulación del Astral, el barco de Proactiva Open Arms.

¿Cuántas vidas se salvaron a bordo del Astral mientras tú estuviste a bordo?

El tema de los números y las cifras es algo que comentamos mucho allí. Yo fui con Santi Palacios, el fotoperiodista, y hablábamos mucho allí de hasta qué punto estamos perdiendo perspectiva al dar los números, porque es importante dar los número para contextualizar. Tuvimos esta conversación a raíz de una cosa que ocurrió en los últimos días que estuvimos a bordo del Astral.

Unos días antes de irnos llegaron dos balsas de goma que no se esperaba que llegaran porque había habido mal tiempo. Cuando hay mal tiempo, y mal tiempo pueden ser unas olas muy finitas en alta mar, no salen balsas porque en la orilla son olas muy elevadas. Y no es porque sean buenas personas los traficantes, sino porque físicamente no pueden empujarlas mar adentro. En principio, ese día no se esperaban barcas. Pero a primera hora de la mañana nos avisaron que había dos balsas de goma muy cerca de donde estábamos nosotros.

Fuimos allí, hicimos todo el proceso de rescate, y en principio no hubo ningún problema. Pero después, esperando para hacer el transfer a los barcos grandes, varios rescatados nos contaron que, al salir de las costas libias, llegó una ola y empujó a cuatro. Los tiró al agua. Debían llevar unas tres o cuatro horas navegando, muy poquito. Seguramente ni habrían abandonado el territorio libio.

La mayoría no saben nadar. Muchos no saben a lo que se enfrentan. Algunos hasta preguntan si es un río. Y claro, a estas cuatro personas se cayeron al mar no pudieron ayudarlas, no pudieron hacer nada, porque no saben nadar. Entonces, hablábamos de esto en relación con las cifras, ¿cuánta gente habrá desaparecido de la que no somos conscientes? Porque esto nos lo dijeron ellos, que al final te cuentan nos ha pasado esto o lo otro. ¿Quién es esta gente? ¿de dónde venían? ¿tienen familia o iban solos? ¿les esperaba alguien? ¿habrían dejado a alguien? Recuerdo que eso me angustió muchísimo. Son cuatro números. No tienen nombre, no tienen historia, no sabemos quienes eran, y a saber si lo sabremos. Y como ellos un montón. El fondo del mediterráneo es un cementerio. Es muy bestia.

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¿Cuánto tiempo estuviste?

Nosotros estuvimos cerca de dos semanas. Las misiones que hacen en Proactiva son de 15 días porque tienen que volver a puerto cada dos semanas para gasolina, reparaciones, comida y todo eso. También hacen cambio de tripulación. En la quincena en la que fui cuando nos bajamos solo se quedó una persona de la tripulación, otras veces cambian solamente un par, depende un poco de los horarios y agendas que tengan ellos. Pero en alta mar estuvimos diez días, del dos al doce de septiembre.

¿Y dónde estabais? ¿En la costa libia? Porque los refugiados están yendo de Libia a Italia.

Sí. Ellos se montan a media noche más o menos. La mayoría no tienen mucha idea de a dónde van, sino que les indican. Hay unas torres petrolíferas que se ven al fondo que tienen unas luces muy brillantes. Los traficantes les dicen que pongan el motor (que es un motor muy malo) en esa dirección. No les están diciendo que aquello sea Europa técnicamente pero, claro, a ellos les dicen de ir hacia allí. Lo ven con sus ojos, y piensan que no debería ser un trayecto muy largo, pero el viaje ni ha empezado cuando llegan allí.

El problema es que los barcos de rescate no pueden pasar de las doce millas porque eso ya son aguas territoriales libias, y hay una legislación por la que no pueden operar. Así que hay que esperar a partir de ese punto hacia alta mar. Ahí es donde están los barcos operando. Hay oenegés, navíos militares, hay un montón de embarcaciones que están todas coordinadas entre sí. Funciona todo por radio. Hay avisos y hay un centro en Roma de coordinación. Entre todos se organizan las misiones y todo el mundo coopera con todo el mundo. Es decir, que cuando hay un aviso de un avistamiento, normalmente es el centro de Roma quien avisa por logística pura, y dice “oye Médicos Sin Fronteras vosotros estáis más cerca – a Astral, a quien sea-, hay un barco a tantos kilómetros a babor id para allá”.

Van las lanchas de rescate rápidas que son las pequeñitas. Y el protocolo enseña que al llegar, después de avistar una balsa, hay que asegurarse de que todo el mundo está bien, que no hay casos graves médicos o cosas que necesitan urgencia. Lo primero que se hace es repartir chalecos, porque, como decía, la inmensa mayoría no saben nadar. Cualquier movimiento, cualquiera, con lo sobrecargada que va la balsa, puede provocar que sus tripulantes acaben en el agua, es relativamente sencillo.

Hay algunos que vienen con unos chalecos que son muy fáciles de diferenciar porque son falsos. Los meten los traficantes y es como si no llevaran nada. Además, les cobran una pasta para por encima eso. Entonces primero se reparten chalecos a los adultos y a los niños. Hay unos chalecos más pequeños para los niños, y así se asegura que todo el mundo tiene colocado los chalecos. Una vez hecho eso, si se ha detectado que hay casos médicos como bebés, mujeres embarazadas, casos que requieren más inmediatez, se trasladan a esta lancha rápida y ahí o bien le atiende un médico, que siempre hay un médico en esas lanchas de rescate, o se traslada a uno de los barcos grandes (el de Médicos sin Fronteras, el de Save the Children, a los buques militares…) porque allí hay equipos médicos, hay camarotes especializados donde se puede atender y operar.

Es complicado porque es mucha gente. Yo recuerdo que hablando con el médico que iba en esa misión del Astral, decía lo complicado que es, en un primer vistazo, poder distinguir y realmente saber cuál es una emergencia médica y cuál no. Y me contaba el caso de una mujer que le decía angustiadísima que se encontraba fatal porque le había entrado agua en el oído. Y claro, esta mujer era su primer contacto con el mar… El médico le intentaba explicar que no pasaba nada, que no era grave. Pero, ¿cómo le explicas a esta mujer que no ha tenido contacto con el mar, que le está entrando agua en un sitio cerca del cerebro, que no pasa nada? Se asusta.. Es una cosa que a nosotros nos parece muy obvia y a lo mejor absurda. Pero esta mujer estaba muy angustiada. Además de la situación, del nivel de estrés, de todo lo que llevaba acarreado, le estaba entrando agua y estaba muy nerviosa. Y no puedes sacar a esta mujer porque hay otros que tienen preferencia porque, efectivamente, son casos médicos urgentes. Toda esa gestión también se realiza y es importante. Son muchas cosas en muy poco tiempo.

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¿Qué pasa cuando el Astral rescata a la gente en el mediterráneo? ¿Qué pasa cuando estas personas llegan a tierra firme?

El caso del Astral es diferente. Es un barco pequeñito, un motovelero de treinta metros de eslora. Normalmente no suben gente a bordo salvo que sea muy necesario. Cuando yo estuve subimos a dos familias. Llevaban niños pequeños y fue un día que hubo un montón de rescates. Estuvo todo el mundo saturado y no podíamos esperar con ellos en alta mar más. Con el sol, a mediodía en alta mar, estaban deshidratados, estaban agotados y ahí sí que se sube a bordo. Pero normalmente el Astral no traslada. Lo que hace es coordinarse con los buques grandes y son ellos los que los llevan. Y son ellos los que se encargan después de llevarlos a Italia, cada uno a los distintos puertos. Hay quien opera en Malta, en Sicilia, y allí tienen ya sus puestos de control.

Leí un artículo de Santi Palacios en el que dice que, cuando los refugiados llegan a Italia, eso acaba de empezar.

Claro. Es que hay mucho problema de desinformación. Me acuerdo que cuando les preguntábamos a algunos de dónde venían, cómo se llamaban y a dónde iban, siempre decían a Europa. Al preguntarles si a Italia, Alemania o a qué país, ellos solo decían a Europa.

Muchos periodistas nos quejamos de que África no es un país, pero…

Me acuerdo hablando con una compañera me puso ese mismo ejemplo. Y es que hace nada nosotros mismo decíamos lo mismo de África. Es lo mismo del otro lado.

¿Se vuelve igual de un trabajo así?

Hombre, igual yo creo que no vuelves de nada. De ningún trabajo, por mínimo que sea. Algunos te tocan más y otros te tocan menos. Ese día me acuerdo que, sí, fue especialmente chocante porque una cosa es que lo leas, o lo que decimos de que el fondo del mediterráneo es un cementerio, que hay un montón de víctimas… Pero que te cuenten en la balsa que han perdido cuatro personas pues te pones a pensar, a darle muchas vueltas a las cosas. Te toca, te cambia porque eres más consciente de las cosas. Pones nombre y cara a los números, que es lo mismo que vamos a hacer al contar las historias. Pero no es lo mismo que te lo cuenten a hablar tú con esas personas directamente. Yo creo que sí que te cambia, más o menos. A lo mejor no un cambio dramático, pero de todo aprendes.

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Si tuvieras que sacar del mediterráneo una sola historia ¿cuál contarías?

Si tuviera que sacar una historia.. ostras. Estoy pensando en Santi Palacios, que estuvo también a principios de verano embarcado en el Astral, que hizo una foto a una pareja de hermanos que rompieron a llorar cuando les rescataron. Cuando les hicieron el transfer entre llantos no sabían lo que les pasaba, y comprendieron que acababan de perder a su madre, que su madre acababa de morir. La cantidad de menores, de niños que hay… La mezcla de sentimientos y sensaciones que llevan en ese momento es una coctelera.

Dan mucho las gracias por el salvamento, por haber llegado. Hay muchos que lloran de emoción, de “vale, ya está, ya ha pasado todo lo peor”, porque no saben todo lo que les queda por delante, que esa es otra. Recuerdo en un transfer que me tocó a mi en este viaje que había un chico que no paraba de llorar…Pero este me llamó especialmente la atención porque no paraba de llorar, y le preguntábamos así, sin forzar mucho, que qué le pasaba, porque tampoco puedes hacerle a nadie lo que no quisieras que te hagan a ti. Es que es una cosa tan básica como ésta. Y entonce le pregunté a uno que iba con él, que parecía que le conocía, y me contó que había perdido a su familia. Se dice pronto. Perdió a su familia en el viaje. Es muy bestia.

Mujeres, mujeres y África, ¿en qué condiciones cruzan el mediterráneo las mujeres? Y qué papel jugáis las mujeres en la profesión.

Las refugiadas lo tienen más complicado si cabe precisamente por el tema de ser mujer. Por ejemplo ahora, con el paso del mediterráneo, recuerdo la historia que me contó una mujer. Ella fue una de las que primero atendimos porque iba embarazada. Iba muy débil, le costaba moverse por todas las horas en alta mar. Le pregunté lo típico, por el embarazo, que si era el primero… Y me dijo que era el segundo y me empezó a contar. Estaba embarazada cuando llegó a Libia pero entraron unos hombres, unos ladrones que intentaron robar en casa, y le intentaron violar; no lo consiguieron pero la zarandearon de arriba a abajo y le provocaron un aborto, y perdió el bebé.

Estas cosas son bestiales. Pasan en el mediterráneo y pasaban en Calais. Lo comentaba cuando yo estuve hace un año, y si ya había crecido cuando yo llegué, ahora, que lo voy leyendo y viendo, aquello se ha triplicado, e imagino que los casos también. Pero había temas de prostitución a lo largo del camino, muchos problemas de trata, de violaciones, a mujeres y a niñas, que también es todavía más fuerte. Entonces, claro, se enfrentan también a esta parte extra en el camino que lo hace todavía más duro.

Me contaban también la historia de mujeres que incluso, no sé si es la palabra, pero “escogen” a su violador, escogen a un hombre y le dicen “vale, acepto que seas tú a cambio de seguridad”. “Me va a violar alguien pero va a ser siempre la misma persona”.

Lo que me llamaba la atención, lo pensaba estando en el barco, es que las historias, a pesar de ser personales, cada una ha pasado por una cosa, se parecen mucho. Se parecen demasiado las historias de Calais y las historias del Mediterráneo. Había pasado un año y siguen pasando las mismas cosas. Son burradas, nos llevamos las manos a la cabeza, nos escandalizamos, pero siguen pasando las mismas cosas. Me parece increíble.

¿Hay más hombres que mujeres en la profeasión?

Si tu estás en terreno ves mujeres, hay muchas mujeres,. Pero por algún motivo se conoce más a los hombres. No sé si hacen más ruido o qué, pero es verdad que al pensar en un nombre los primeros que te vienen a la cabeza normalmente son hombres. Hay muchas mujeres, muchas mujeres en todas partes además. Aquí, allí, en África, en Asia, en Latinoamérica. Y lo hablamos mucho, y es un tema muy recurrente porque está ahí, pero no lo sé. Yo nunca he tenido ninguna discriminación por ser mujer. Es verdad que yo puedo hacer lo que hago gracias a una generación anterior que se lo curró mucho, peleó mucho por eso. Igual yo no he tenido problemas gracias a todas ellas, y ellos. Pero no sé por qué hay menos visibilidad.

Decías que pasan las mismas historias que en Calais hace un año… Y, sin embargo, hay que seguir contándolas. Pero si sigues insistiendo en la misma forma de contar, la gente se cansa y te deja de leer. ¿Dónde se pueden buscar nuevas historias para seguir contando la misma realidad pero de manera distinta?

Me encantaría poder responderte a esto. Si alguien sabe la respuesta, por favor, que me llame. El tema es buscar ángulos nuevos, dar la vuelta a la hora de contarlos. Lo hablaba hace un rato con otros periodistas.

Por ejemplo, el tema de los refugiados sigue pasando y va a seguir pasando, por lo que la gente pierde interés. Por saturación informativa, porque está a otras cosas o porque ya se han cansado, no lo sé. Entonces qué, ¿dejas de contarlo porque la gente no lo va a leer? Es verdad que la definición más plana de noticia es que sea algo nuevo. Efectivamente esto no es algo nuevo, ya llevamos meses, años. No es nada nuevo. Nueva es la cifra, que se va actualizando. Y si se sigue actualizando es porque sigue pasando. Entonces no vamos a dejar de contarlo porque a la gente no le interese.

El problema yo creo que es que no hay un único culpable. No tenemos que buscar un culpable porque es una culpa repartida. Igual debemos contarlo los medios de una forma y no de otra. Igual es el lector que se cansa y está a mil cosas, y a su propio día a día, que no hay que olvidarnos. No sé si es el canal o la forma. Supongo que es un poco responsabilidad de todos el hacer que sigan llegando estas historias pero que no nos olvidemos, por favor, que no nos dejemos llevar jamás por el clic, por la audiencia o por nada, porque si no, estamos muertos. Soy muy idealista. Tampoco vamos a llenar las portadas de monos, gatitos y cosas que nos vayan a dar clic porque lo otro está pasando.

Tenemos el deber de contarlo bien, de explicarlo, de no dejarnos llevar por el titular alarmista por querer llegar a más gente. Hay que dar contexto, que es fundamental. A lo mejor nos estamos centrando demasiado en contar el final de la ruta y nos falta el porqué, el de dónde vienen, el cómo es esa ruta.

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