Manu de La-Chica

Mis padres siempre habían querido que fuese médico.

Pero de pequeño soñaba con ser periodista, viajar, contar historias ocultas. No esas grandes historias de eternos héroes. Me gustan más las personas corrientes. Con un poco de él y otro poco de aquél es suficiente. Meterte en sus botas. Caminar juntos. Valorar cada vida. Conocerle. Narrar cómo cambia la historia en una persona con nombre. Vidas concretas.

Madrid me acogió cuando nací, pero en 2014 me mudé a Pamplona para estudiar Periodismo y Filosofía. Mi madre dice que ya se me ha pegado la boina porque llamo “majo o majico” a todo el mundo. Y mis amigos dicen que no saben por qué estudio Filosofía. Yo tampoco.

En mi primer año de universidad, fui a varias conferencias sobre Oriente Medio. En mi casa, en Madrid, estuvo trabajando una señora musulmana. Quizá fue eso lo que despertó mi preocupación. Busqué información sobre algo muy difuso que estaba pasando en Siria. Un día, Turquía cerró su frontera en Tel Abyad y yo me prometí no quedarme quieto, indiferente. Pasé todo el verano investigando sobre refugiados: Siria, pero también Irak, Líbano, Sudán del Sur, República Centroafricana… En septiembre, pensé en crear Je Suis Réfugié, aunque todavía no tenía nombre.

¿Algún día podré vivir de esto? Me consuela pensar que siempre hay un hueco para las buenas historias.

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