Bienvenidos a Canadá

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Vamos a hablar sobre Canadá. Porque está bien hablar sobre lo que se hace mal, es más, debemos hacerlo, para que los que se equivocan se dispongan a rectificar, para que los que se ven afectados, las víctimas, tengan voz. Pero de vez en cuando, también viene bien centrar la mirada en el lado positivo de la historia. Por eso este artículo habla sobre Canadá, bueno sobre Canadá no, más bien sobre los canadienses.

Sabemos que Canadá es un país al norte del continente americano, en el que conviven dos lenguas: el inglés y el francés, bañado por los océanos Atlántico y Pacífico. Lo que no sabe todo el mundo es que Canadá es un ejemplo de solidaridad, y que por eso está siendo modelo para aquellos que buscan una solución a la crisis de refugiados desde la Unión Europea.

Una mirada atrás

Canadá, al igual que sus vecinos americanos, tiene una larga tradición de acogida de personas que huyen de su país. Desde la Segunda Guerra Mundial, cuando la gente huía de Europa, hasta las migraciones masivas que salen hoy día de Oriente Medio.

Durante la guerra de Vietnam, Canadá tampoco dudó en abrirles las puertas a los que llamaban pidiendo protección. En el 2001, desde los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, se empezó a mirar con recelo a los refugiados, sobre todo a los musulmanes. El país volvió a abrirse con la llegada del actual Gobierno y su primer ministro, Justin Trudeau.

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Foto: Dominic Santiago/Creative Commons (CC)

Una nueva política

La enorme distancia que separa Siria del país norteamericano no ha sido suficiente para que los canadienses decidieran desentenderse del conflicto que empezó en el país asiático allá por el 2011. El punto de inflexión fue la muerte del pequeño Aylan Kurdi, quien tenía familia viviendo en Canadá. Una prueba más que suficiente que demuestra que este país se preocupa por la demanda de asilo es su propio Ministerio de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía.

Canadá no solo prometió que iba a acoger a 25.000 refugiados, sino que lo cumplió. Y no solo eso. Le supo a poco, y ahora acoge a más de 27.000 personas que huyen de una guerra que parece no tener fin. Empezaron con 163 y la cifra, perdón, el número de personas que llegaba para refugiarse fue aumentando.

Cariño fue lo que se encontraron los refugiados al aterrizar en este país. Nada más llegar los saludó el primer ministro y se les ofreció abrigos para afrontar el invierno canadiense, que no es ninguna broma. Los refugiados desde que ponen un pie en el país tienen acceso a la sanidad y a la educación entre otras cosas, además de la oportunidad de trabajar.

Esto puede parecernos increíble e incluso un poco idílico. Pero todo es posible gracias a la iniciativa ciudadana. Familias o estudiantes universitarios que deciden acoger a refugiados, o financiarles el primer año de su nueva estancia. En definitiva, personas que le ofrecen su ayuda a aquellos que más lo necesitan, a través de una donación, o de su actividad como voluntario.

Los más vulnerables

Canadá recibe la ayuda de ACNUR, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, quien se encarga de identificar a un sector concreto de los refugiados: los más vulnerables. El organismo selecciona a aquellos que solicitan asilo en Canadá desde Líbano y Jordania, sin embargo, en Turquía se encarga el propio gobierno de la selección.

¿Y quiénes forman este grupo? Los vulnerables, a quienes Canadá da prioridad, son: las familias completas, las mujeres en riesgo con hijos a su cargo y  colectivos como el de LGTBI.

Tenemos mucho que aprender los unos de los otros, de eso se trata. Y en este caso Canadá tiene muchas cosas que enseñarnos. #WelcomeRefugee #WelcomeToCanada.

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Foto: worldbulletin.net
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