Los nuevos refugiados son venezolanos

Fabiola Vásquez | Pamplona

Las noticias sobre Venezuela inundan la mayoría de portadas estos últimas días. Las acciones del Gobierno en contra de la Asamblea, mayoritariamente opositora, y las reacciones del pueblo en contra han avivado las calles. El miedo y la incertidumbre que hay en el país desde 1999, cuando llegó Hugo Chávez al poder, y con su sucesor, Nicolás Maduro, han hecho que los venezolanos no vean más salida que emigrar.

En el pasado año 405 venezolanos se enfrentaron a una nueva situación en España: ser refugiado. Un país lleno de riquezas ha sufrido una diáspora bolivariana, según el periodista de investigación y escritor Francisco Olivares, desde la llegada de Hugo Chávez al poder. Según un estudio de la Universidad Central de Venezuela, de alrededor de un millón de venezolanos que emigraron, más del 90% eran graduados universitarios, y el 12% con doctorados. Se trata de una diáspora distinta, una diáspora de intelectuales.

En general más del 40% de las solicitudes venezolanas de asilo en el mundo son denegadas. En España, ese porcentaje llega casi al 100%. Aun así, los venezolanos se han convertido en el segundo mayor grupo demandante de protección internacional en España, después de los ucranianos. Aunque la mayoría sean profesionales, hay más resoluciones negativas que positivas, según Eurostat, pues petición no es igual a concesión.

Las autoridades deben estimar la presencia de “motivos fundados” para considerar que si los interesados “regresasen a su país de origen se enfrentarían a un riesgo real de sufrir alguno de los daños graves previstos en la ley”, es lo que expresa la Ley reguladora del Derecho de Asilo y la Protección Subsidiaria. Estos pueden ser: pena de muerte o riesgo de ejecución, tortura, tratos inhumanos o también violencia indiscriminada en situaciones de conflicto interno o internacional. Esta última circunstancia no es reconocida por España en el caso de Venezuela.

Según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), el país se ha convertido en el segundo más peligroso del mundo y se estima que Caracas, su capital, es 14 veces más violenta que Sao Paulo, 10 veces más que Bogotá y hasta 15 veces más que Ciudad de México. Venezuela registró 28.479 asesinatos en 2016, es decir, 91,8 homicidios por cada 100.000 habitantes. Esto no es lo peor. El hambre aumenta, con un 84% de desabastecimiento, y los delitos por este desespero también: se producen entre 1 y 4 masacres cada semana.

«Reclamamos al presidente Nicolás Maduro que cese la represión y que garantice la actuación de los cuerpos de seguridad en el marco de la Constitución y del pleno respeto a los derechos humanos», señaló la ONG Provea. El hambre, el alto nivel de inflación, las descuidadas infraestructuras y la escasez de productos de primera necesidad llevan a los delincuentes a actuar. No hay problemas de bandas armadas, porque hasta la misma policía se encuentra en la necesidad de conseguir dinero por vías ilícitas. El Gobierno no hace nada por pararlo, porque según Delcy Rodríguez, la Ministra del Poder Popular para Relaciones Exteriores de Venezuela, la escasez de alimentos es culpa de la “manipulación mediática”.

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Foto: Franklin Reyes / J.Rebelde (Flickr)

El Gobierno español ha hecho público que reconocen los casos de “persecución política” concretamente a los familiares del opositor encarcelado Leopoldo López, a quienes les fue concedida la nacionalidad por su ascendencia española. El problema es que hay casi un centenar de presos políticos más, quienes requerirían una espera de un mínimo de tres años para que se les reconozca la persecución. También hay otros que, aunque no estén en la cárcel, viven en sus hogares como si fuera una celda, porque es mejor no salir a la calle. Total, ¿para qué? ¿Para comprar la comida? No hay.

Es cierto que, según una abogada madrileña experta en migraciones que pide no ser identificada, cada caso es particular y se estudia muy a fondo. Pero ella misma nos cuenta que las personas a las que se las ha denegado el asilo “dependen del tiempo residiendo en España, su vínculo y capacidad de integración en el país”.

No importa si eres un profesional, si tienes familia en España o si vivías en la miseria; la política migratoria trata por igual a cualquier extracomunitario, salvo que esos profesionales tengan capital económico y de esa forma sería posible realizar solicitudes de estancia que deben acreditar al año. Los posibles ciudadanos  que optan a una residencia legal deben justificar que tienen al menos 20.000 euros que les permitan sobrevivir. Considerando el sueldo venezolano y su inflación, esto es más que complicado.

El tiempo ha revertido los papeles para los españoles que llegaron a comienzos del siglo XX a Venezuela. Ahora son sus hijos y nietos quienes se van del país al que ellos aprendieron a llamar patria para llegar a una España que no les reconoce su situación.

FabiFabiola Vásquez Gómez (Valencia, Venezuela 1996). Lleva tres años estudiando Historia y Periodismo en la Universidad de Navarra. Tres años sin volver a casa. Mientras tanto, ha estado en la UAL de Londres y en la UCM de Madrid. También ha colaborado con el SDGF (Fondo para los Objetivos de Desarrollo Sostenible) de la ONU.

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