“En Líbano, un tercio de la población es refugiada”

ALBERT ESCUDER – BARCELONA

Flavia Chevallard (Barcelona, 1990) se fue al Líbano hace cuatro meses. Su intención es estar allí ayudando durante un año. De la mano de la ONG Cesal, vive esta experiencia “como una oportunidad de estar allí donde está sucediendo algo que me parece crucial para el mundo”. En sus propias palabras, no dedicaría su vida, su tiempo, a otra cosa que no fuera ayudar. “Aunque muchas veces al día a día sea pesado y farragoso”. 

[TRANSCRIPCIÓN DE LA ENTREVISTA EN VÍDEO]

¿Por qué decidiste irte?

Yo no decidí  ir a Líbano en concreto. Quería acercarme lo máximo posible a Siria, pero evidentemente ir allí no era una opción. Me atraía el conflicto, pero también sus consecuencias. Entonces, me ofrecieron ir a Líbano, y Líbano es uno de los países donde los refugiados sirios más están sufriendo. Ir allí era una ocasión muy grande.

¿Qué es lo más preocupante?

El principal problema allí es que en cuatro o cinco años han llegado un millón y medio de refugiados. Pero es que, antes de que empezara la guerra en Siria, ya había medio millón de refugiados palestinos en Líbano. Líbano está desbordado. Es un país muy pequeño, un país con cuatro millones de habitantes. Ahora mismo, un tercio de la población es refugiada.

Además, hay muchísimos problemas para registrarse y obtener el permiso cuesta dinero. Líbano no firmó la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados. Así que, en un determinado momento, cerraron su frontera y los sirios no podían entrar. La situación ya de por sí dura de un refugiado, aquí es todavía más dura por las condiciones en las que viven.

¿La guerra en Siria ha provocado cambios políticos en Líbano?

Los grupos que están enfrentados en Siria ahora a nivel de religión, existen también en Líbano. Por lo tanto, todo lo que sucede en Siria se refleja en Líbano. Y la oposición entre estos grupos aumenta teniendo la guerra tan cerca. También se nota la presión económica de acoger a un millón y medio de refugiados.

La presencia de opositores, la presencia de personas que pueden ser potenciales terroristas, está desestabilizando todavía más a Líbano. Líbano es un país con un equilibrio inestable. Hasta hace unos meses estábamos en un bloqueo político que había durado dos años y medio. No había presidente. Los partidos políticos no conseguían ponerse de acuerdo.

¿Y qué imagen tienes de Líbano?

Acabas teniendo una imagen terrible del Líbano. La imagen de un país que no acoge, un país que trata mal… Pero, sin embargo, Líbano es también un país que, con los problemas que tiene y habiendo acogido a los refugiados palestinos, también está abriendo sus brazos a los refugiados sirios.

Es paradójico.

Sí, es muy interesante, porque depende de cómo lo mires puedes decir: “madre mía, este país está poniendo mil problemas a los pobres refugiados”; o puedes decir, “bueno, en la sociedad libanesa hay casos de gente muy acogedora”. Y luego está toda la ayuda internacional que llega canalizada a través de ONGs y de organismos internacionales, de las agencias de Naciones Unidas, y también de la propia sociedad libanesa. Es verdad que también hay casos de gente que es mucho más hostil. Ves la frontera con Israel, que está completamente cerrada, ves los mensajes, la propaganda de Hezbollah, ves campos de refugiados, los asentamientos que van surgiendo…

¿Cómo son los campos en los que trabajáis?

No son campos de refugiados oficiales porque Líbano no ha permitido que se establecieran. Están al sur del país, que es una zona agrícola. De hecho, los asentamientos surgen en propiedades que tienen cultivos y aceptan que los refugiados se asienten allí a cambio de trabajo. El sueldo que reciben es muy bajo, pero ya tienen acceso a algo que muchos otros no tienen.

¿Dónde viven?

En tiendas de campaña. Son asentamientos precarios, con materiales muy básicos y que no protegen del frío ni del calor. Son refugios hechos para una situación temporal, no para una situación que lleva cinco años.

¿Y se les acoge?

En general, ellos no se sienten acogidos. No se integran tanto con los pueblos de la zona. Por lo general, hacen su vida en los asentamientos, aunque tienen permitido salir. Y, de hecho, salen a comprar.

¿Cómo se les puede ayudar?

Quizá no puedes estar al tanto de todos los conflictos que hay en el mundo y de todos los dramas que se viven, pero yo creo que sí que podemos prestar atención. Sobre todo cuando es algo que nos toca tan directamente. Hay que hacer un esfuerzo por entender la situación de origen. Así humanizas mucho más a las personas. Y cuando llegan refugiados aquí, no es simplemente gente que huye de un país que nadie sabe ubicar muy bien, de no se sabe por qué. No. Uno puede abstraerse de que hay un millón y medio de personas viviendo en el Líbano en esta situación. Incluso estando aquí. Si uno no quiere mirar una cosa, puede no mirarla.

Uno puede donar y es importante. Quiero decir las organizaciones funcionan gracias a, entre otras cosas, a los donativos de las personas. Pero yo creo que es importante donar sabiendo por qué donas. No para callarse la conciencia, sino sabiendo para qué das el dinero.

¿En qué cambia ese saber más?

Quizá estamos un poco saturados con el tema de los refugiados porque llevamos mucho tiempo con esto y parece que es un problema que no tiene solución. Pero es muy importante saber lo que pasa porque la opinión pública tiene un peso en las decisiones de los gobiernos. Siempre, con episodios de más o menos éxito, la opinión pública y la movilización de la sociedad tiene un peso en las decisiones. Siempre. Por eso es importante que la gente sepa lo que pasa.

Creo que también es una ocasión para pensar qué es acoger, si queremos acoger y cómo vamos a hacerlo. Es un momento para darnos cuenta de que llegan personas con unas historias detrás que son duras. Es hora, también de apoyar y construir una sociedad que acoge e integre. No vale sólo con aceptar dentro de las fronteras nacionales a la gente que llega.

¿Cómo te ha cambiado verlo en primera persona?

Cuando veo tanto drama y tanta violencia, siento un impulso muy grande de recuperar la sencillez. Me he dado cuenta de que cualquier acto de violencia por pequeño que sea, si se eleva, provoca una guerra. Todo puede empezar siendo mezquinos en algo cotidiano.

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albert_escuderAlbert Escuder es un emprendedor apasionado por comunicar. Ha realizado centenares de piezas audiovisuales, vídeos virales y un largometraje que ha recorrido los cines de España y sigue en proceso de distribución en otros países. Acaba de comenzar Signescu: un canal de YouTube donde quiere tener un espacio para contar historias que valen la pena. Actualmente está arrancando su empresa de comunicación audiovisual: SignesProjects.

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