B. Jiménez: “Niños de cinco años te cuentan cómo ISIS entró en sus casas y mató a sus hermanos”

Beatriz Jiménez Nácher (Barcelona, 1996) estudia Periodismo e Historia en la Universidad de Navarra. Este verano viajó como voluntaria a los campos de refugiados de Pireo y Malakasa, en Grecia, y contó su viaje en esta serie de crónicas en el blog de la Agrupación Universitaria por Oriente Medio (AUNOM).

Todos los días del verano hay al menos un crucero cargado de turistas amarrado en el puerto del Pireo (Atenas). Sin embargo, tú llegaste allí con una mochila y sin conocer a nadie: ¿qué te llevó hasta allí?

Me llevó la inquietud por encontrarme con la gente refugiada: descubrir hasta qué punto lo que nos cuentan las noticias es cierto. Cuando llegué vi que no, que la realidad era mucho más cruda que lo que pintaban en las noticias. Entonces el Pireo era un campo ilegal con condiciones muy precarias. Las necesidades no estaban cubiertas. Había varias oenegés como REMAR, que es con la que yo trabajé, que trataban de mejorar la situación, pero aun así las condiciones son muy malas.

Había un puesto de Cruz Roja, en el que dos voluntarios estaban constantemente fuera. Acudía gente allí  continuamente, pero nunca había nadie para atenderles. Había muchos niños con hepatitis y con conjuntivitis, y nadie les podía dar medicamentos.

Las tiendas estaban hechas un asco. Llevaban siete meses allí y se estaban cayendo. Además en el mes de mayo llueve un montón, y  más de una vez estaban todas inundadas.

Por eso digo que lo que a mí me llevó allí fue querer mostrar eso al mundo. Bueno, a mi pequeño mundo: la Universidad de Navarra, mis padres, Barcelona… donde llegara.

Has estado como voluntaria en los campos del Pireo y Malakasa. El estatus legal de ambos es distinto, y también la situación de los refugiados allí. ¿Cuál es la diferencia?

Es muy distinto, porque en el Pireo es un campo ilegal, como el de Idomeni. Es un campo que el gobierno griego no pensó. Llegaron los refugiados con sus tiendas, se asentaron allí, y se organizaban como podían. Tenían que llegar las oenegés, porque el Estado no les financiaba nada.

Dependían completamente de unas oenegés que no tenían suficientes voluntarios. Por eso voluntarios independientes, como yo, íbamos a identificar las necesidades. Encontramos, por ejemplo, a una madre que no tenía leche y no había quien pudiera dársela. Tenía gemelos de dos meses. Necesitaba mantener a su familia durante al menos un año, que es lo que suelen durar los trámites legales. Veías que los refugiados dependían completamente de ti, de las oenegés. Así son los campos ilegales como el del Pireo.

En cambio, en el campo de Malakasa, que es militar, viven en unas carpas mucho más grandes, más formales y mejor construidas. Hay un plano urbanístico, el Estado paga un cáterin para darles de comer y ACNUR puso unas duchas. No daban para mucho, pero al menos cubrían sus necesidades básicas.  También había equipos médicos.

“Grecia, para los refugiados, es un gran campo de detención”

Lo que está pasando en Grecia es que los campos como el Pireo o Idomeni están siendo desmantelados, porque el Estado ha visto que, si siguen estos campos ilegales, la situación se descontrola. Ahora están adaptando campos militares y aeródromos como el de Vico, y están llevando en autobús hasta allí a los que están en los campos ilegales. Así la situación se controla mucho mejor.

¿Y ACNUR, por ejemplo, pudo entrar en el Pireo?

Tengo entendido que puso algunos baños y daban mantas, pero no había una base estable como la que tenía REMAR.

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Desde que comenzó la guerra civil siria el flujo de refugiados no se ha detenido. Lo que conocemos como Ruta de los Balcanes implica pasar por Turquía, Grecia, Macedonia y Hungría para llegar a Europa central. Sin embargo, en marzo Macedonia cerró su frontera, y Grecia ha tomado medidas como el desalojo de Idomeni o la detención de los ferrys de Lesbos para frenar la llegada de refugiados. En esta situación de impás, ¿qué es Grecia para los refugiados?

Grecia, para los refugiados, es un gran campo de detención. Los llegados antes del tratado con Turquía todavía tienen algunas opciones. Desde que entró en vigor la política de reunificación familiar muchos tienen la esperanza de poder reencontrarse con familiares suyos que, en muchos casos, están en Alemania. Creen que podrán llegar allí legalmente.

Sin embargo, muchos otros han llegado después del tratado con Turquía. Todos esos están en una especie de limbo. Tienen que ir uno a uno preguntándoles en qué situación llegan, de qué nacionalidad son… Porque muchas veces el estado legal de un refugiado depende de su nacionalidad. Malakasa, por ejemplo, era solo de afganos, a quienes no consideran refugiados de guerra sino refugiados económicos. La idea es deportarlos a todos.

Pero muchos afganos huyen de los talibán. ¿Eso no se considera un estado de guerra?

No. Hay a gente en Malakasa de veinte años que te cuenta que su familia ha sido asesinada por los talibán y que huyen de ellos, pero que no los consideran refugiados de guerra.

Has dicho que en el Pireo eras una voluntaria independiente. ¿Qué es un voluntario independiente y en qué se distingue de otros tipos de voluntarios?

Como voluntario independiente, ninguna oenegé te dicta las pautas que debes seguir. En mi caso, busqué antes de ir allí una organización que fuera flexible y no exigiera una formación previa ni un tiempo de estancia mínimo. Yo sabía que no dispondría de uno o dos meses, que suele ser lo que se pide, pero no encontré nada y me fui.

Una vez allí me topé con REMAR, con quienes ya había intentado contactar antes desde Barcelona. Trabajar con ellos me facilitó muchas cosas, sobre todo la cuestión del tiempo de estancia: ellos piden voluntarios para una o dos semanas, cosa que es impensable para ACNUR, por ejemplo.

En el Pireo había muchísimos voluntarios independientes. Ir allí en esas condiciones te da mayor flexibilidad, ya que atiendes directamente a aquellos que te piden ayuda concreta. Recuerdo, por ejemplo, ir al mercado con una niña kurda de 13 años a comprarle un kebab.  En cambio, si eres voluntario de una oenegé, como me pasó a mí con REMAR en Malakasa, sí que tienes una pauta del día a la que ceñirte.

Me dio la sensación de que en un campo ilegal como el del Pireo se respira una mayor esperanza, ya que a ellos les resulta más fácil integrarse en la sociedad. Al tener al lado Atenas, podían salir del recinto para ir a la ciudad y volver luego. Esto es imposible en campos legales, controlados por el gobierno, como el de Malakasa.

También hay una gran diferencia en lo relativo a la financiación. Por supuesto, como voluntario independiente, todo sale de tu bolsillo. Lo que hacen algunos es publicar en Facebook una cuenta corriente en la que sus conocidos pueden ingresar dinero para ayudar a comprar cosas como alimentos o medicinas. En cambio, si vas con una oenegé, como REMAR, todo esto corre a cuenta de la propia organización.   

“Latif había sufrido persecución por el mero hecho de ser hazara. Él tiene ahora 20 años, y estudia Ingeniería y Materiales”

¿Por qué no hiciste un donativo y ya está?

Porque también ahí entraba la inquietud periodística. Mucha gente me ha preguntado al volver del viaje si pueden donar dinero y si eso es efectivo, y la respuesta es que sí, por supuesto que es efectivo. Lo más fácil que puedes hacer desde aquí para ayudar es depositar dinero en la cuenta de una ONG que sepas que está activamente allí, mientras tú estás en tu casa. Porque eso es muy práctico y necesitan a gente así. Pero si yo sólo hubiera donado dinero me hubiera quedado con la espina de querer saber qué está pasando allí. Luego escribí las crónicas: mi principal objetivo era reportarlo. Quiero hacer un seguimiento de los campos de Grecia a nivel periodístico, porque a mí me interesa y porque sé que mi vocación es ser periodista.  

Si tuvieras que rescatar una sola historia de las que conociste allí, ¿qué contarías?

La historia de Latif, un chico afgano de Malakasa, de la etnia hazara. Al igual que sucede en Oriente Medio, en Afganistán hay todo un mosaico de etnias: están los tayikos, los hazaras y los talibán -de la etnia pastún-.  Cuando conocí a este chico, Latif, me di cuenta de la gran represión que sufren los hazara en Afganistán; no solo por sus creencias religiosas (los hazaras son chiíes), sino también por motivos puramente étnicos. Los hazara son como los kurdos, de idiosincracia más abierta al mundo y mayor igualdad entre hombres y mujeres. Latif había sufrido persecución por el mero hecho de ser hazara. Él tiene ahora 20 años, y estudia Ingeniería y Materiales. En la actualidad, vive en un campo de Suiza. Una vez me fui, intentó cruzar la frontera, y no lo consiguió. Así que fue al puerto, se coló en el depósito de un barco y llegó a Milán. Desde ahí se trasladó, no sé exáctamente cómo, hasta Suiza. Él tiene el sueño de llegar a Alemania, de forjarse un futuro profesional. Su padre fue asesinado hace dos años por los talibán. La represión actual de estos grupos no está documentada, y puede ser mayor que hace veinte años. Bueno, de hecho, es mayor.

Todavía sigo en contacto con Latif. Tiene, como muchos refugiados, un pedazo de móvil, y en los campos hay redes wifi. Así es como seguimos hablándonos.

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¿Volverás?

Sí, volveré en Semana Santa. Me di cuenta de que no puedo dejarles solos. Lo más duro lo vi en el Pireo. Allí estaba mucho con niños. Eran familias de ocho miembros. Los más pequeños estaban con la madre, pero luego había niños de seis, siete u ocho años vagando por ahí. Esos niños te explicaban que a sus hermanos pequeños los habían ahogado. Había entrado el ISIS en sus casas, les habían disparado… y si eso te lo cuenta un niño de cinco o seis años…

En algunos campos la vida sigue, la gente se casa y tiene hijos… Pero, ¿se puede aspirar a pasar la vida en un campo de refugiados?

No. Sólo si hay una oenegé o un centro de apoyo. Mi experiencia con REMAR es que hay una unidad muy fuerte entre los voluntarios y los refugiados. Ellos sentían que había una minoría europea que les apoyaba, gente para quienes eran importantes. Veían que aquello no era una cosa de la ONU y de cúpulas mundiales: que ellos estaban ahí de verdad con ellos.

En un momento dado nos llamaron de Malakasa para pedirnos que fuéramos corriendo, que estaban desmantelando el campo. El conductor -un inglés así fuertote- empezó a despotricar en su lengua. Fue a un refugiado, le abrazó y le dijo “somos hermanos”. El chico se puso a llorar. Se crea un vínculo muy estrecho entre los voluntarios y los afganos. Mucho activistas y voluntarios se han quedado, incluso teniendo familia, porque saben que si dejan solas a estas personas se derrumban.

Muchos refugiados de Idomeni volvían a casa porque preferían morir de repente por una bomba que lentamente en un campo. Es otro punto de vista muy comprensible. En el Pireo aún tenían algo de esperanza, pero lo de Idomeni debió ser horrible.

¿El Pireo lo desmantelaron mientras estabas allí o sólo quitaron vuestro puesto?

Justo a punto. En mayo ya empezaron a quitar bases de oenegés para presionar y para que la gente pasara hambre. Era muy bestia. Les querían matar de hambre para que se fueran.

¿Y cómo lo hacen? ¿Llega la Policía Marítima y les dice que se vayan?

Sí, sí.

“Lo que se espera de ellos que estén dos años en un campo de detención”

Echan a las oenegés y luego, con los refugiados, ¿qué hacen?

Se quedan ahí. Lo que hacía el Gobierno era traer autobuses para llevarlos a campos militares. Pero hasta que llegan los autobuses puede pasar una semana. Y ahí, ¿cómo aguantan? Gracias a los voluntarios independientes que están allí ayudando.

Pero cuando desmantelaron la base de REMAR no fue algo tranquilo. Llevaron al jefe a la comisaría y le entrevistaron. No le pegaron, pero volvió destrozado porque psicológicamente le habían atacado con amenazas.

¿Qué ha pasado con los refugiados que vivían en el Pireo?

Los han transportado a distintos campos, sobre todo en el Norte: a Giannitsa, a Cherso. Si miras el mapa de los campos, en la zona noreste de Grecia están todos apiñados: no hay ni cinco kilómetros de uno a otro. Ahí está Idomeni.

Lo que se espera de ellos es que estén allí, en un campo de detención. Van a estar al menos dos años hasta que se tramite todo. Son al menos unos 50.000 en Grecia… ¡es una barbaridad!

¿Como una cárcel?

Exactamente como una cárcel. Ahora que ya no está el Pireo quiero ir a Lesbos.

¿Qué está pasando en Lesbos? Hace tiempo había ferrys que salían directamente de la isla a Atenas pero en un momento dejaron de funcionar.

Sí, aunque no estoy tan informada de eso. Yo sé que siguen llegando, aunque por las restricciones no tantos. Además, cuesta mucho más dinero. Lo que parece que está pasando ahora es que hay muchos más refugiados en el Magreb que están esperando para llegar a Italia. El próximo punto está en África, está claro. Lo de las Balcanes fue una ruta que tuvo su éxito, pero van a seguir viniendo hasta que se acabe la guerra. Y esa guerra no sólo está en Siria. Hay que espabilar y hacer algo ya.

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Un comentario sobre “B. Jiménez: “Niños de cinco años te cuentan cómo ISIS entró en sus casas y mató a sus hermanos”

  1. Hola Beatriz,

    Antes que nada, darte las gracias por venir a ayudar a los campos de Grecia. Es una situación imposible de explicar para alguien que no lo vea con sus propios ojos, y mucha la gente que simplemente decide mirar hacia otro lado (lo cual, aunque me pese, no puedo más que respetar). Ver que hay gente que decide venir simplemente por querer ayudar en esta situación, me hace seguir creyendo en el ser humano.

    Tras esto, y ya que he encontrado tu blog por casualidad, quería comentarte que, por desgracia, la situación de REMAR, y su labor aquí, no es tan bonita como puede parecer.

    En primer lugar, el gobierno griego decidió echar a REMAR de Malakasa una vez se supo que era una ONG Evangélica, lo cual se trata de evitar porque lo que necesitan los refugiados, Afganos en su mayoría en Malakasa, es ayuda, manos, y mucha mucha empatía. Pero no pintadas como “Jesus te Ama” como las que he visto esta misma semana allí. Tenían incluso la orden de salir de Malakasa, campo al que llegaron sin ningún tipo de permiso en un primer momento. Pero al parecer, REMAR tiene contactos a muy altas esferas (y una ayuda con un miembro en particular del gobierno griego). Con lo que finalmente, consiguieron los permisos, y ahí siguen…sólo te invito a que busques un poco en Google algunos discursos de su presidente, para que veas lo que opina sobre los musulmantes. Eso tal vez te haga preguntarte: y entonces qué hacen aquí??

    PERO lo más destacable de todo, es que su responsable en Malakasa (cuyo nombre no diré pues no viene al caso, pero que seguro conoces) da cierta “preferencia” a algunas mujeres para darles zapatos, ropa o cualquier otra cosa (que vienen de donaciones de otras ONGs), a cambio de, digamos, ser “amables” con él. Esto lo saben todos los refugiados en Malakasa, y algunos ya han ido a avisarle. Le han dicho que si vuelven a verlo a solas con alguna mujer más allá de las 22:00 en el edificio que ocupa REMAR, digamos, le harán saber su desacuerdo.

    Es decir, que tarde o temprano, algo va a pasar en Malakasa. Y alguien aún dirá que los Afganos han hecho esto o lo otro. Tiempo al tiempo…

    Con esto no quiero ni mucho menos romper la idea que tienes de lo que has hecho aquí. Estoy seguro de que ha sido mucho y muy bueno, y sobre todo de corazón.

    Pero es importante que sepas con qué tipo de gente has estado colaborando, y que el gobierno griego no está ni mucho menos “echando a ONG´s”. Lo han intentado con REMAR, porque es REMAR. El resto de ONG´s siguen colaborando como hasta ahora en los campos de Grecia (y ese es otro cantar, porque desde que la UE decidió que todas las ayudas se gestionarían a través de ONG´s, éstas han aparecido hasta debajo de las piedras. Y varias de ellas, comportándose claramente como una empresa a la que poco le importa la ayuda a la gente.

    Lo que sí es cierto, de lo que he visto, es que el gobierno griego no quiere campos “improvisados” como eran Idomeni o el Pireo, donde la gente estaba en tiendas de campaña pequeñas, sin ningún tipo de higiene o control. Quiere que la gente esté en campos “en condiciones”, con lo que eso pueda significar. Y por lo que he oido, los desalojos de al menos Idomeni, fueron algo “oscuros” en cuanto a que no quisieron que se vieran las formas empleadas. Pero sinceramente, dudo que a este gobierno griego, en todo este tiempo y situación con los refugiados, se le pueda posicionar en el lado de los “malos”.

    En fin, sin más intención que la de puntualizar algo que creo que será de tu interés, te comento que mucha, mucha gente de España ha venido este verano, aprovechando sus vacaciones, para ayudar en los campos en Grecia de forma independiente, sin hacerlo a través de ninguna ONG. Es una opción también a tener en cuenta.

    Un saludo y de nuevo, GRACIAS y más GRACIAS!!

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