Los muros

Nos gusta construir muros. De todos los tamaños. En mi casa hay varios. Las paredes son muros. Las personas son muros. Las fronteras son muros.

Muchas veces se han construido muros para demostrar el poderío sobre algo. O para decir eh, aquí estoy yo, ni se te ocurra acercarte. Es gritar a los cuatro vientos que tú dominas una zona del mundo. La Gran Muralla China no sólo señala dónde empieza una nación, sino que muestra que no tiene problemas en construir una muro de más de 20.000 kilómetros. También es un método de defensa. Si mantienes al enemigo arrinconado, sin posibilidad de escape, no podrá atacarte. O podemos verlo al revés, si te encierras, todo lo que esté fuera no te contamina.

Aunque hay muros más permeables que otros. Algunos, incluso, son prácticamente invisibles.

Hace unas semanas pude hablar un rato con Santi Palacios mientras nos tomábamos unas cervezas. Él lleva desde el verano de 2015 fotografiando la ruta de los Balcanes para AP. Desde el verano. Antes de que llegara cualquier organización internacional. Antes de que los refugiados fueran noticia. Cuando sólo estaban cuatro fotógrafos que tenían que dedicarse a asistir a las personas que llegaban. Ellos y los ciudadanos griegos. Me contó que ha visto muchas cosas muy absurdas, pero una me llamó la atención sobre el resto.

Los barcos de FRONTEX, la agencia de la UE que defiende sus fronteras, ya estaban patrullando en el Egeo. Las islas griegas ya estaban colapsadas. Decenas de oenegés, cientos de voluntarios, gente de la UE, muchísimos periodistas y refugiados. Miles de refugiados. Santi estaba esperando a que llegaran las primeras alertas de botes en los radares. Cuando llegó la primera, se subió al barco de FRONTEX. Y partieron en busca de esas vidas.

¿En el mar hay muros? Los hay. Son invisibles, pero al parecer los hay. Sólo se ven en los radares y en los mapas. Pero cuando bajas a las olas ya no se encuentran. Sin embargo, si cruzas la frontera, puedes tener un problema. Sobre todo si eres la UE y tus relaciones con Turquía no son precisamente cordiales. Pues bien. El bote estaba en aguas turcas. A 50 metros de la división de las aguas. Pero el barco europeo se había parado. Santi ya podía hacer perfectamente sus fotos. No necesitaba los objetivos de su cámara para verles. Las familias miraban al barco europeo. No entendían, como tampoco entendía Santi.

¿Por qué no avanzamos? Es ilegal. ¿Y qué hacemos? ¿Les dejamos ahí? Sí, claro. Eso son aguas turcas. Hay que esperar a los turcos.

Y al rato llegaron los turcos, pero ellos no subieron a los refugiados a su cubierta. No querían llevarles de vuelta a su país. Simplemente esperaban a que la corriente les arrastrara a Grecia. Ellos estaban ahí por si se empezaba a hundir el barco, pero mientras tanto… Era una escena kafkiana. Los tripulantes de FRONTEX miraban con los brazos cruzados a los refugiados, a los turcos y a los radares (para no cometer una ilegalidad). Los turcos miraban a los refugiados y a los europeos. Y los refugiados miraban a un lado y a otro. En silencio. Nadie hacia nada. Sólo podían esperar a superar el muro y esperar que una ola no les hiciera volcar.

¿Para qué sirven los muros? Defensa, limitación, organización… Si no se limita dónde trabajas tú y dónde trabajo yo, nos estaremos molestando continuamente. Sin quererlo. Sin mala leche. Las fronteras son necesarias, aunque sea por su carácter práctico. ¿Por qué construimos muros? Porque estamos diferenciando el Yo del Tú. O el Tú del Ello. Martin Buber establecía dos tipos de relaciones: el Yo-Tú y el Yo-Ello. Lo hacía en el ámbito de la comunicación, pero también nos sirve para comprender las fronteras, o los muros. Depende de cómo nos dirijamos al otro, construiremos una relación u otra. La relación Yo-Ello implica la objetivización de lo otro, su cosificación. Se da una relación de sujeto a objeto. Esto no pasa con el Tú. Con el Tú establecemos una relación en el que él se da al yo, y el yo le corresponde. Ambos se dan, y, en cierto sentido, se superan las barreras. Pero como los muros siempre están ahí, lo que se hace es permeabilizarlos.

A lo que no sé responder es al cuándo se da el paso del uno al otro, cuándo pasamos al Yo-Ello y construimos muros que nos llevan a absurdos.

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