El Islam, Occidente y una lucha que se presume eterna

Europa ha muerto, señoras y señores. Nosotros la hemos matado. Hace ya tiempo que en este continente, el Viejo Continente, no nos movemos por valores, sino por intereses. Hace ya tiempo que los europeos estamos tan preocupados en mirar nuestro ombligo que no vemos o no queremos ver los problemas que existen más allá de nuestras fronteras. Y es solo cuando estos problemas las traspasan que somos conscientes de ellos.

En la fatídica noche del 13 de noviembre del pasado año, 137 personas murieron y 415 resultaron heridas en París a causa de los atroces atentados   terroristas del Dáesh. El 7 de enero de ese mismo año, 12 personas perdieron la vida y otras 11 fueron heridas en el ataque al semanario satírico Charlie Hebdo, también en París. Obviando la dudosa integridad de las viñetas publicadas por el periódico francés (ya que en ningún caso justificaría ni mucho menos las acciones de los yihadistas), no hay duda de que Francia ha sido el país europeo que más ha sufrido a manos del Estado Islámico y sus atentados perpetrados al grito de Al·lahu-àkbar (“Alá es el más grande”).

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Mientras en Europa lloramos la muerte de 149 personas asesinadas, en Siria la guerra civil ha dejado hasta la fecha más de 220.000 muertos y más de 3.000.000 de refugiados. Y poca gente habla de esto. Nos llevamos las manos a la cabeza al conocer la historia de las 90 personas que perdieron la vida en la sala de espectáculos parisina Bataclán, sin saber que barbaries como esta suceden día tras día a miles de kilómetros de distancia de nosotros. Mientras tanto, los políticos se llenan la boca hablando y hablando, condenando unas acciones que está de más condenar, sobre todo si las palabras no van acompañadas de actos significativos. Y crece en el ideario occidental la creencia de que el Islam es sinónimo de terrorismo, y que su convivencia pacífica con Occidente es imposible.

Está claro que la mayoría de los terroristas son musulmanes. Pero no todos los musulmanes son terroristas. Esta es la realidad. Y lo que yo espero es que los ciudadanos del mundo occidental nos convenzamos de varias cosas. Que un musulmán de verdad, uno que viva con rectitud su religión, puede ser una persona pacífica, respetuosa, tolerante; en definitiva, una persona normal. Que el Estado Islámico representa una terrible amenaza que debemos combatir todos juntos, pero no representa al Islam. Si el campo de batalla ha de ser Europa, que sea Europa. Si ha de ser Siria, que sea Siria. Pero para que todo esto ocurra es necesario que seamos conscientes de lo que pasa en el mundo. Que las personas encargadas de informar nos lo cuenten. Y que tengamos presente que una vida allí vale tanto como una vida aquí, y por tanto hay que defenderla con la misma convicción.

Álvaro Villagrán y Andrés Anguisola

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