La sangre de los sirios está gritando.

“Una guerra dejó a todos los sirios, sean musulmanes o cristianos, llorando sangre. Pero los manantiales de lágrimas de los ojos ya secaron. Solo queda sangre. A donde vas todo es rojo. Sangre, sangre, sangre”.

Nicolaos Matti Abd Alahad es sirio. Abandonó su tierra natal, por primera vez, en 1996, cuando marchó a Grecia a acabar sus estudios teológicos. Un año después regresó a la tierra del Tigris y en seguida fue nombrado consejero del Consejo Superior de de la Iglesia siro-ortodoxa en Damasco, la capital. En 2004 marchó a Argentina. La última vez que pisó su país fue en junio de 2015, en medio de una guerra civil que ya ocupaba las portadas de los periódicos occidentales.

P. ¿Cómo eran las relaciones entre cristianos y musulmanes antes de la guerra?

R. En Siria teníamos toda libertad como cristianos. Celebrábamos las fiestas de la Virgen y la Semana Santa en la calle. En Siria vivían los árabes musulmanes y los árabes cristianos en paz. No había problemas entre cristianos y musulmanes. Nadie obligaba a nadie. Además, Siria antes de la guerra fue uno de los países con más seguridad. No había problemas por el lugar de donde vinieses o a donde ibas. Pero una mano negra se metió. 

En medio del caos de una guerra nació un grupo que anunciaba la llegada de una libertad que nunca existió: Dáesh. El fundamentalismo islámico de ISIS, Al-Qaeda, Al-Nusra… hizo acto de presencia. “La mayoría no son sirios. Quizá el 20 por ciento son sirios, pero el otro 80 vienen de fuera. Crucificaron a un niño musulmán por no respetar el ayuno. No puedo decir que los musulmanes con los que he convivido sean así“.

El problema de estos grupos es que afirman que están aplicando la sharia (ley islámica) como corresponde. Nicolaos Matti nos explica que cuando cortan la cabeza o queman a los infieles, avalan que es lo que está escrito en el Corán.

Dáesh entró así en el país que fue la cuna del cristianismo, en un país en que en cada sierra hay una iglesia o un monasterio. Cada vez que conquistan un pueblo, lo primero que hacen es eliminar cualquier símbolo de la religión cristiana. Quitan las cruces de los cementerios. Sacan huesos de los cuerpos sepultados.

P. ¿Y si aún hay cristianos allí?

R. Si hay cristianos les dicen que tienen que convertirse o pagarles un impuesto. No valen billetes. Sólo oro. Si huyes, no puedes llevarte nada contigo. Tienes que salir caminando. Si no quieres nada de esto, la única oportunidad es la muerte. 

Por los que saben que pueden sacar dinero, los secuestran. A día de hoy hay dos obispos secuestrados. Nadie sabe por quién. Aunque, al menos, están vivos (si se puede decir que eso es mejor). Muchos cristianos, y no cristianos, tuvieron que huir para salvar la vida de sus hijos. No se llevaban nada. Era el comienzo de su vida como refugiados o de desplazados internos viviendo en carpas.

El arzobispo ortodoxo denuncia que ya han perdido a muchos jóvenes por el mero hecho de ser cristianos y nada más. Los yihadistas mataron a dos de sus primos y a un sobrino de 23 años. Era estudiante de ingeniería. Al salir de su última clase del día había un coche bomba. Varios de sus compañeros también fueron asesinados.

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“El dia 4 de enero mataron a más jovenes. Todos los días hay matanza. En toda Siria no hay casa que no tenga uno o dos muertos. No sabes cuándo va a caer una bomba. La gente se acostumbra a esta situación. Y lo que es de chiste es que las madres al despedir a sus hijos cuando se van al colegio, los despiden como si fuera la última vez. Nadie sabe si atacarán el autobús o el colegio”.

Pero esta guerra no es algo puramente nacional. Todos sabemos que hay una activa participación rusa y saudita en el conflicto y, en este contexto, Monseñor Nicolaos expresa que lo que más duele es que haya una mano negra exterior que esté alimentando este terrorismo. Para algunos de estos países, según el arzobispo, el objetivo es vaciar la cuna del cristianismo, quitar un árbol para plantarlo en otro lado.  Ese árbol podrá seguir verde, pero habrá perdido la raíz. De este modo, una parte de lo que se está viviendo en Siria es “culpa y causa de unos países que quieren sus intereses antes que los intereses del ser humano.

Mientras tanto, más de cuatro millones de sirios han huido de su país, ya sea por la guerra civil o por la aparición de Dáesh. Se han despedido de un país teñido de sangre. Cuando llegaron a Turquía, la muerte estaba esperándoles en el mar. Algunos lograron cruzar a salvo el Egeo, pero su calvario continuó.

P.  ¿En qué situación viven los refugiados a los que atiende en Madrid? 

R. Los cristianos no quieren vivir como mendigos. Quieren trabajar. Son gente que estaba llena. En Siria no eran mendigos. En vez de ayuda de oenegés, quieren trabajar y ganar algo de dinero con su sudor. Aunque sean 200 euros.

P. ¿Quieren volver a Siria?

R. Como decimos, siempre hay esperanza. Pero en esta situación nadie sabe hasta dónde puede llegar esa esperanza. Es muy difícil dejar una historia, unos recuerdos natales. En el momento en que acabe el conflicto, podremos volver. Pero cuando se está apagando el fuego, algunos remueven las cenizas para avivarlo o llevarlo a su lado.

Muchos huyen de la guerra, otros, como los padres de Nicolaos acuden a ella. Estaban con él en Argentina cuando comenzó. “Volvemos. Hijo, nosotros tenemos nuestra tierra” le dijeron. Él no podía regresar para acompañar a sus hermanos en la fe. “Tenía que cuidar a mi rebaño, pero como mis padres hay miles y miles que no quieren salir“. No tienen miedo a la muerte, porque creen que la verdadera vida está con su Señor en los cielos.

 

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