Con el miedo los malos ganan

Anthony vive en España, pero viene de Ecuador, y sabe lo que es cambiar de país. Este artículo es algo así como el “que no cunda el pánico”, porque lo que ellos quieren es que tengamos miedo. Hemos de estar prevenidos para no dejar que la desconfianza lleve a la violencia.

¡Qué triste!, ¡qué miedo!, ¿por qué lo hacen? Cada día muere gente, sí, es ley de vida, al igual que nacemos algún día nos tocará morir, la muerte no tendría que ser un drama. Por eso no hay día en el que no se hable de muerte en las noticias, periódicos o a pie de calle. Pero no es de la muerte natural de la que se habla últimamente, son asesinatos, atentados, terror, amenazas, un miedo constante que pugna por gobernar cada acción o decisión que toman las personas y las hace escapar o vivir ocultos. Ante esto la gente se admira, se atemoriza o se cuestiona, ¿qué les pasa a estas personas por la cabeza para cometer semejantes atrocidades? En verdad resulta triste, y con justa razón, a las alturas en las que estamos parece todo tan incongruente e ilógico que preferimos mirar hacia otro lado una vez pasa la novedad o el miedo, e inclusive desearíamos poder tomarnos la justicia por nuestra mano.

Los atentados de París han sacudido al mundo, como en su día lo hizo el atentado a las Torres Gemelas, a los trenes de Atocha o la imagen de Aylan Kurdi. Momentos que suponen un punto de inflexión en la sociedad tanto a nivel político como social y psicológico. La violencia sólo engendra violencia y rencor, de ahí surgen los prejuicios, la segregación social o la simple desconfianza y esto como es natural afecta a los inocentes, ya lo dice el refrán “pagarán justos por pecadores”. En este caso, la gente que ha dejado atrás su tierra por señores envalentonados que a la mínima que pueden te ponen una pistola en la cabeza o un cuchillo en la garganta. El DAESH blande el arma más peligrosa y que más daño puede causar a las personas, el miedo, algo que te paraliza o bien te hace correr despavorido, o simplemente que mires hacia otro lado y tomes otro camino. Con todo su armazón publicitario y grotesco insertan en las conciencias de las personas este miedo que nos pone a la defensiva; algo natural, pero que también y siendo honestos, genera en nosotros odio, un odio que es igual de peligroso, porque haremos de él una regla con la que mediremos después a otras personas.

A las puertas de Europa se agolpan multitudes suplicando ayuda, refugio, un sitio seguro, una nueva oportunidad, un nuevo inicio, y todo con una justa razón ¡y Europa se lo piensa! Es evidente que no puede hacerse cargo de todos, cada nación tiene una obligación legal para con sus ciudadanos y no  puede comprometerse a algo si no tiene capacidad, no puede ofrecer asilo, ni seguridad, ni oportunidades si no puede garantizárselo ni a sus ciudadanos. Pero estoy seguro de que si se lo propone lo logrará, hay muchas personas que están dispuestas a abrir las puertas de sus hogares para acoger a otros semejantes. Es esta generosidad la que el DAESH intenta destruir con el miedo. Se ha corrido el rumor de que entre los refugiados podrían introducirse radicales que suponen un peligro potencial para la seguridad de la sociedad, así, evidentemente surgirá la desconfianza  ¡y lo están consiguiendo! basta con ver las noticias: más controles en las fronteras, más concentración en personas que vienen de puntos determinados, etc…

Es una pena, pero es normal, no podemos ante eso reprochar nada, quizás algo de debilidad pero todos tenemos algo de debilidad, sin embargo no podemos quedarnos en la pena, en el miedo y mucho menos aún en el odio ¿qué nos diferenciaría de ellos entonces? no los mataríamos en nombre de un dios, pero sí en nombre de unos valores que presumimos de poseer. La humanidad dispone de medios para frenar la violencia que ella misma crea, no son perfectos, porque el hombre tampoco lo es, pero es todo lo que tenemos y es lo que nos hace diferentes, los que nos contrapone a la barbarie de estos grupos radicales, y hay que confiar en ellos e involucrarnos para que se cumplan, no sólo exigir su eficiencia.

Con el miedo, “los malos” ganan, porque por él cerraremos las puertas a otros, no olvidemos que todos somos humanos, sí, todos, aunque algunos no lo parezcan y en el fondo todos somos iguales. No juzguemos prematuramente, la prudencia está para algo, pero tengamos los pies en la tierra, los ideales son muy bonitos pero están en las nueves y si no nos unimos todos no los alcanzaremos. Hay tantas personas que piden ayuda, que mueren y no importa la nacionalidad de la que vengan, la lengua que hablen o la cultura de la cual sean embajadores, en el fondo todos somos humanos y todos merecen ayuda, ¿acaso no la pediríamos nosotros si estuviéramos en su situación? Yo sé lo que es ser migrante, soy de Ecuador y conozco perfectamente las dificultades que suponen el llegar a una tierra diferente, sé lo que es mirar a Europa con ilusión y sé que para la integración hacen falta dos cosas: ganas de integrarse y una buena acogida. El miedo generará desconfianza, ésta a su vez rechazo y al rechazo le sigue el rencor y al final “los malos ganan” porque el rencor desemboca en violencia y vuelta a empezar.

 

Anthony Guamán Cepeda

@Thony_7

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