¿Acaso no somos seres humanos?

Valeria Sánchez Uribe participa en Proyecto Habesha, una iniciativa que pretende llevar a México a 30 jóvenes sirios para que finalicen sus estudios. Algún día nos hablará de ello. Ella piensa que no hay que cerrar fronteras, sino dar a los musulmanes en Europa un ambiente favorable.

Imagen: ofrenda floral a Aylan Kurdi, en wikimedia.org

El presidente François Hollande declara a Francia en estado de guerra. El mundo se detiene al pensar las atrocidades cometidas por Daesh (o ISIS; por respeto a la comunidad musulmana me referiré a ellos bajo el nombre de Daesh), hacia los franceses; y desde lo lejos surge una voz que desde la muerte de Aylan Kurdi se dejó olvidada.

Aquella voz de los miles de refugiados que atraviesan todos los días el Mediterráneo para llegar a las costas griegas, quienes al escuchar de los atentados en París, no pueden evitar reclamar: “pero yo también huyo de ellos”. Entre los cuerpos apretujados en la valla que separa la frontera entre Grecia y Macedonia se escuchan las preguntas que muchos han tenido miedo a responder, “¿por qué nos hacen esto? ¿acaso no somos seres humanos como ustedes? ”.

En los últimos días, Daesh nos ha demostrado ser no sólo una amenaza regional, sino global. Gobiernos de Polonia y Eslovaquia han apuntado a los refugiados como los culpables de los recientes atentados en París, con el argumento de que uno de los perpetradores portaba un pasaporte sirio, cerrar fronteras a los refugiados se ha visto como la opción más efectiva.

Europa se ha negado a ver los atentados como se debería, los ataques no fueron perpetrados por refugiados, sino por nacionales. Con miles de ciudadanos que han dejado Europa para unirse a Daesh en Irak y Siria, Europa debería concentrarse en la raíz del problema, la exclusión, alienación y discriminación, que ha conducido a la radicalización de sectores de la sociedad.

Sin lugar a dudas, es más fácil considerar a otro como el agresor y no apuntar a políticas internas.

Europa ha tomado un nuevo camino al intentar culpar a la crisis de refugiados de la filtración de extremistas en los países, y ahora considera cerrar las fronteras como una solución a todos sus problemas, esta acción es justamente lo que Daesh necesitaba para consolidar su objetivo.

Daesh considera a los refugiados que huyen de Irak y Siria como traidores al “califato”, este ataque es visto como la venganza ideal a las miles de personas que han huido de los territorios controlados, negar la entrada de refugiados a Europa es darle a Daesh lo que quiere.

Es momento de evitar darle a Daesh lo que ellos quieren, la solución es brindarle apoyo a aquellos que huyen de la misma violencia de la que fue víctima París. Europa debe trabajar en políticas públicas que permitan contrarrestar el caos e incertidumbre de la cual son víctimas los refugiados.

Aproximadamente 3,500 personas han muerto en el Mediterráneo, y mientras el mundo siga inactivo, se esperan más muertes ante la caída del invierno en los Balcanes.

Proveer a los musulmanes de un entorno favorable y seguro sería el mejor contragolpe a Daesh, mostrarles que no son “traidores” y que el resto del mundo no ignora la situación que viven las personas que salen de sus países.

Esto no es un llamado únicamente a los países europeos, aún hace falta que el resto de los países se solidaricen ante la crisis de refugiados, esta es la mejor manera de contrarrestar a Daesh, no por medio del rechazo.

Juramos que la muerte de Aylan Kurdi sería la última; nos indignamos y reclamamos a nuestros gobiernos que debían hacer algo. Los refugiados están huyendo del mismo dolor que las familias en Francia sufren, perdieron una madre, un padre, un hermano, un hijo.

La pelea contra el extremismo de Daesh no debe ser únicamente la militar, debe ser una batalla para evitar el reclutamiento de personas para el grupo. Cada refugiado que recibamos en cualquier país del mundo será una victoria en contra del extremismo.

Esta batalla solamente puede ser ganada si se respetan los principios de derechos humanos y democracia sobre los que se fundó cada país, incluyendo a aquellos que huyen de los conflictos armados.

Siempre pensé que alguien debía hacer algo por ellos, hasta que me di cuenta de que yo era ese alguien.

Valeria Sánchez

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