Je Suis la guerre

Pablo Medina ha sido la primera persona en mandar una colaboración a Je Suis Réfugié. A raíz del debate en Twitter sobre las fronteras y de los ataques terroristas en París, ha decidido mandarnos su análisis de la situación. La solución, para él, el cierre temporal de fronteras y la creación de pequeñas comunidades autogestionadas.

Imagen destacada de europapress

Comencemos echando un vistazo a los recientes acontecimientos después del atentado de París el pasado viernes. 129 víctimas mortales en distintos puntos: restaurantes, la sala de conciertos Bataclan y otros. Una barbarie que trajo consigo la solidarización del resto de países del mundo con los galos y supuso un acontecimiento muy significativo en la historia de Francia. François Hollande, el hombre que desafió al Daesh sin esperar a tener apoyo internacional y el que fija la guerra como proceso de destrucción del grupo terrorista, se envalentona en un continuo bombardeo sobre posiciones estratégicas en Siria. El Presidente de la República ha tomado unas medidas que algunos califican como “algo que surgió del calentón que también pilló Bush después del 11-S”. En lo que respecta a Francia vemos una inmediata respuesta ante el peligro civil. Exacto, peligro civil. Fue el propio François el que pronunció hace unos días en su discurso en Versalles que “es trágico afirmarlo, pero son franceses los que han matado franceses”. ¿Cuál es su respuesta? Cinco mil plazas de policía adicionales a las previstas para 2017, una mejora en la lucha contra el ciberterrorismo, previsión de otorgar poderes especiales al Presidente después de que se reforme su Constitución… lo expresaré visualmente: imaginad que estando en guerra, en vuestra casa contáis con una excelente protección, y cuando salís a la calle vais corriendo desnudos, gritando y con piedras. Pues más o menos eso tenemos de contexto.

Pero el exterior, aquel Oriente mágico que se torna en una ensombrecida mancha para la opinión pública, no es lo que vamos a tratar profundamente. Quiero adentrarme en el tema que me propusieron para escribir lo que ahora escribo: ¿qué hacemos con las fronteras? ¿Hay que cerrarlas o las dejamos abiertas?

Claro está que es complicado tratar este tema. Podríamos cerrarlas, de tal forma que los franceses instruidos por el Daesh y que viven ahora en Bélgica y Francia organizando atentados no pudieran salir, por lo que se les podría apresar con más facilidad. Además, se le bloquearía el acceso a los yihadistas que están en Siria recibiendo instrucción para que no pudieran acceder a Europa y por tanto, no perpetrar más crímenes de la índole del de París. Por otro lado, existe la posibilidad de dejarlas abiertas para acoger a esos cientos de miles de refugiados sirios que buscan protegerse del horror que han vivido en su país y que, como es natural, están desesperados por sobrevivir. Es humano acoger al que no tiene casa, darle de comer, ropa y educarles para tener una vida digna. Pensad en las veces que han tenido que preguntar los hijos a sus padres que cuándo van a llegar a casa, las veces que les han dicho que tienen hambre, y las lágrimas de esos padres que no pueden hacer nada y les ven morir.

Sembrada la semilla de la tragedia y de la complicidad, veamos por qué me decanto por el cierre de fronteras temporal. Partamos de la base de que Siria es un país con una presencia de yihadistas bastante abundante –recordaban en RTVE hace unos días que entre 30.000 y 40.000 soldados estaban al servicio del Daesh –y que es el punto donde los terroristas europeos se instruyen para luego venir a Europa y llevar a cabo sus atentados. Siria no es el único caldo de cultivo de los islamistas radicales, sino que poblaciones con gran presencia de musulmanes también lo son. Sentenciaré por si acaso: soy de los que piensan que no todos los musulmanes son terroristas. Es triste repetirlo, pero hay quien es impermeable a la razón y no puede verlo. De tal manera que hay grandes núcleos de población musulmana, no es de extrañar –y de hecho es normal, por lo visto –que en esos núcleos nazcan islamistas radicales. Estos se radicalizarán aún más, irán a Siria a instruirse, volverán a su casa y aquí, nos paramos un instante.

Ahora pensad en que un individuo que ha seguido ese proceso se multiplica por cientos o miles. Tenemos dentro de nuestras fronteras a cientos y miles de personas dispuestas a morir matando lo que ellos llaman “infieles y cruzados”. Y es en ese momento cuando los atentados empiezan a producirse, cuando hay organización. Pensad, por un momento, qué pasa si las fronteras no se cierran al menos por unos años: el tráfico entre Europa y Siria para yihadistas sigue abierto, siguen captando miembros de sus organizaciones, continúan devolviéndolos a su país para que asesinen en nombre de Alá y entramos en un proceso que no se puede detener. El bucle de la muerte, la sangre por las calles y la cosecha del terror se pone en marcha. Con el cierre de fronteras se acierta en un punto esencial ya explicado: contienes a los terroristas dentro del país y evitas que entren desde fuera del país, de tal forma que Putin le pueda hacer la vida imposible al Daesh mientras el resto de potencias debate sobre si se alían o no con Francia y le apoyan en los bombardeos.

El perfil básico de un soldado del EI* es el siguiente: persona que ha sido adiestrada para matar y a la que no le importa morir bajo sus pretextos fanáticos; cuya organización recibe dinero a raudales y tiene en su poder puestos petrolíferos que utilizarán para conseguir un abastecimiento de armamentos preocupante. Son personas que matan con Kalashnikovs, son radicales y son capaces de suicidarse por matar, personas faltas de oficio, de formación y delincuentes reincidentes captados por líderes carismáticos en pos de la guerra. No creo que con esa gente se pueda negociar tregua alguna, ni alto el fuego ni nada por el estilo. Están afanados en una guerra para extender su califato artificial y lo quieren por encima de sus propias vidas. La diplomacia se consigue razonando, y ellos no son capaces. Una particularidad a señalar es que ellos suelen partir de la premisa de que son buenos musulmanes y ponen en tela de juicio las otras religiones –o el Islam más moderado incluso –para sentenciar con balas y explosiones. No defiendo la guerra, defiendo la paz, pero en este caso para lo último hace falta lo primero. Solucionar esto con guerra es una causa justa por el siguiente motivo: ellos matan por matar, Occidente matará para salvar futuras vidas.

¿Y qué pasaría con los refugiados? Por eso hablaba de un cierre de fronteras temporal y no total. Previsiblemente, se puede acoger a un número determinado de refugiados con aperturas puntuales de fronteras y luego cerrarlas, internarlos en zonas similares a los kibutz de los israelitas y ser puestos bajo vigilancia. Cabe destacar que los kibutz son zonas que se gestionan y desarrollan en comunidad, lo cual supone que solo habría que suministrar recursos básicos para ponerlo en marcha y los refugiados mismos podrían subsistir hasta que la situación en Siria se calmara. Además funcionaría como medida preventiva frente a la venta de pasaportes falsos en Macedonia y Grecia que permiten que accedan a Europa personas ajenas a Siria y al propio continente europeo, evitando así el acceso camuflado de potenciales terroristas que se encuentran entre los refugiados. Una vez terminado el conflicto en Siria, los refugiados vuelven a su tierra natal y comienzan a reconstruir con ayuda de los países beligerantes “victoriosos” un nuevo país.

Quisiera finalizar con los dos últimos versos de una canción (Let The Truce Be Known, de Orphaned Land), que creo que resumen muy bien todo lo que he tratado en el texto y que es en lo que todos estaremos de acuerdo: una enorme tragedia.

We head to base and end the truce

That lasted through this war of liars

A vision of a better life

Where music drowns the toy gun’s fire

Next night I see a shadow and

We both shoot in the name of god

As we fell down our eyes have met

Our friendship ends now in this turmoil of blood

@Paulus_Medina


*El análisis hecho del perfil básico del EI se basa en las declaraciones del profesor Bichara Khader de la Universidad Católica de Lovaina en el debate ¿Hay solución al conflicto entre Palestina e Istael? y a las propias conclusiones del autor.

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