Ayman: “Este pueblo no quiere ser humillado” (I)

La crisis siria no nació hace cuatro años. Ayman salió de Siria en 1969 para estudiar Medicina en Santiago de Compostela. Hoy sigue viviendo en el norte de España, pero tiene familia en Damasco y ha tenido que ir allí varias veces desde entonces. Él sabe cómo ha llegado su país a esta guerra civil. Él ha vivido muchas de las atrocidades en su propia carne. ¿Era Siria un país libre antes de la guerra?

Si no te importa, ¿puedes empezar contando tu historia? ¿Cuándo llegaste a Santiago de Compostela?

Llegué a Santiago en 1970. De eso hace ya 45 años. Vine para estudiar Medicina. Porque en Siria, la carrera de Medicina era para la élite, únicamente para clase muy alta. Y había que conseguir unas notas casi de matrícula para poder entrar. Yo podía estudiar cualquier carrera menos Medicina. Me insistía yo, y mi madre también, en que tenía que estudiar Medicina. Entonces, con el apoyo de mi familia, pensamos en salir hacia Europa. España no era, digamos, el primer objetivo. Ni siquiera sabíamos si era factible. Pero bueno, yo recorrí varios centros culturales y embajadas en Damasco y al final vimos que la posibilidad de España era muy buena desde varias facetas. Por un lado, el idioma era más asequible que otros, y, por otro, económicamente era más accesible que ir a Francia o ir a Alemania o Gran Bretaña.

Así, llegué a España en 1969 y estuve en Madrid unos meses, donde estudié el idioma. Llegué sin saber ninguna palabra en español. Por lo que estudié en una academia en Madrid durante unos meses. Yo pensaba que me iba a quedar en Madrid. Pero también en Madrid era complicado ingresar (en Medicina). Había muchísima gente que queríamos acceder a un examen de admisión y era muy complicado, porque había pocas plazas. Un compañero me dijo un día que hay una ciudad muy arriba, allí al norte, allí en el fin del mundo, de la que dicen que tiene una buena universidad. La verdad: fue una aventura.

Fue coger un tren desde Madrid y llegar a Santiago. El primer día, cuando llegué lo único que me decía era: jo, si hubiera un tren de vuelta… Me hubiera marchado por el clima, por la… Yo llegué un 27 de febrero. Estaba lloviendo, hacía una niebla tremenda y, claro, si vienes de un país seco y soleado y te encuentras esto, pues… Pero la verdad, en poco tiempo te vas adaptando, la vas queriendo.

A partir de ahí, en pocos meses, entré en la Universidad.

Así empezó mi vida en Santiago.

¿Tu familia de qué parte de Siria es?

De Damasco, de la capital.

Somos una familia amplia. Somos nueve hermanos. Todos profesionales, con carreras. Y todos estaban en Damasco hasta ahora. Murió mi hermana el año pasado. Y los demás siguen viviendo ahí, menos algunos sobrinos. La gente joven es la que se ha visto obligada a marcharse del país ahora. Muchos de ellos se han tenido que ir. Algunos de forma legal, con el visado, y otros huyendo del país como podían.

La gente jóven es la que se ha visto obligada a marcharse del país ahora

¿Por qué cree que se ha llegado a esta situación? Me refiero a lo que está pasando allí ahora mismo, a la guerra.

¿Por qué se llega esto? Porque Siria es un país que fue gobernado por una dictadura familiar desde hace casi 50 años. Es decir, justo un año después de que saliera de Siria, en 1970, hubo un golpe de Estado producido por el padre del actual presidente.  

En 1970, metió a todos los demócratas, a todos los partidos políticos, a toda la gente que buscaba que Siria fuese un país democrático y libre, en la cárcel. Empezó una dictadura férrea, una dictadura sin derechos, una dictadura de una minoría. Era una minoría étnica, los alauitas, que gobernaron el país a sangre y fuego. No dejaban que nadie estuviera ocupando otros mandos del país. En el ejército no había ningún oficial que no fuera de su secta. Únicamente los soldados rasos eran de las otras. Y ellos mandaban en el ejército, mandaban en las finanzas, mandaban en todo el estamento del país.

Desde el año 70, esto se aguantó así. No hubo ningún intento de cambiarlo.

En el año 82 sí que hubo un intento, un levantamiento en la ciudad siria de Hama. Allí sí hubo un intento de levantamiento contra el Régimen. Pero fue sofocado con una dureza y con una crueldad terrible. Hasta hoy en día no se sabe cuánta gente murió. Se calcula que pudieron haber sido 40.000 muertos.

Por supuesto, nadie se enteró. De aquello no había prensa ni había medios de comunicación que se preguntasen qué es lo que pasaba ahí. Siria era un pozo negro en el ámbito de la comunicación. Estaba totalmente cerrada. No llegaba nada. Nadie sabía hablar de Siria y nadie habló de Siria durante los 40 años que ha estado este régimen dictatorial.

¿Cuándo se empezó a hablar de Siria? Ahora, en los últimos cuatro años, cuando empezó la mecha de lo que se llamó en su día la “primavera árabe”. Empezó en Túnez y se fue extendiendo. Pero no por contagio, sino porque la gente necesitaba algo, una chispa, que les empujara a levantarse contra este régimen tan sofocante. A parte de ser dictadura, al final ha convertido un país gobernado por un partido, que decía que era socialista,  se ha convertido en el más liberal de todos, en el capitalismo más salvaje, que hizo que la mayor parte de los presupuestos del país cayeran en manos de unos cuantos afines al Régimen, familiares del Régimen.

Hasta hoy día no se sabe cuánta gente murió

La desigualdad en el país ha aumentado de una forma enorme. Hay un 10% de personas pobres. La clase media fue desapareciendo y la clase más cercana a la pobreza empezó a aumentar.

Ángeles (su mujer, que es española):

En Siria tampoco había ningún familiar que no tuviera presos en la cárcel. Cualquier familia tenía o a sus padres o a sus hermanos o a sus hijos en la cárcel. Y todo bajo el silencio. No se podía decir nada. Si tú ibas a la cárcel a preguntar por él, desaparecías tú también. No volvías a aparecer.

Ayman estaba haciendo la “mili” como médico allí, trabajaba en un hospital, y cada día venía la policía secreta a coger un médico. Se lo llevaba por alguna razón mínima: porque ha hablado… Cualquier cosa del Régimen que dijeras, desaparecías y no volvías a aparecer nunca más. Había cárceles bajo tierra y estaban llenas de jóvenes, de profesionales, de todo el pueblo sirio. Y en el exterior nadie sabía nada. Todo el mundo estaba en silencio.

Era tan terrorífico el aplastamiento que llevaba a cabo este hombre que, cuando yo vivía allí, decía: ¿pero cómo la gente no se levanta ante esta dictadura? No se podía hablar. Yo, con un pariente, no podía hablar porque podía ser un policía secreto y al día siguiente desaparecíamos. Era tal el terror que teníamos que la gente estaba silenciada totalmente.

Pero aquí, fuera de Siria, no pasaba nada. Nadie sabía nada de Siria. Nosotros oíamos en la televisión sobre Pinochet, que estaba matando a su pueblo y decíamos: ¡qué suerte que eso está saliendo en las noticias! ¿Y de Siria? La mitad de la población está bajo tierra, y nadie habla nada. No se sabe nada de Siria.

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Ayman y Ángeles: “Era tal el terror que teníamos que la gente estaba silenciada totalmente”

Ayman:

Esto fue durante los 30 años que estuvo el padre en el poder. Murió el padre y no estaba previsto que el hijo fuera el sucesor. La constitución no lo permitía. Decía que el presidente siempre tenía que tener más de 40 años. Cuando murió el padre, Assad hijo tenía 34 años. Pero en cinco minutos cambiaron la constitución para que él fuera el nuevo presidente.

Y llegó al poder con una imagen de apertura al mundo, una imagen de modernidad, una imagen de acercarse a Europa (su mujer era medioinglesa)… Es decir, daba la imagen de que venía una nueva etapa a Siria. Parecía que iba a haber unos pasos democráticos, pero todo era realmente una pose.

Al cabo de unos meses, de un año, se demostró que nada era verdad y que, si no era como el padre, era aún peor. Consiguió encerrar a muchos de los opositores que habían vuelto a Siria tras la muerte de su padre que estaban refugiados fuera, en el exilio. Habían vuelto pensado que iban a ponerse libertades y formarse partidos políticos, pero los encerraron en la cárcel. Se acabó con cualquier intento de democratización o de apertura del país.

Únicamente hizo una apertura económica, cada vez más neoliberal, en manos de unos cuantos. Permitió cosas que antes el padre no permitía, como la telefonía móvil, internet… Pero siempre vigilado y controlado por él y por su gente. Esta opresión fue el germen. Era un ataque a la dignidad. Y la dignidad es lo que más le importa al árabe. Puedes ser pobre, analfabeto o inculto, pero lo que no soportas es la humillación.

De hecho, cuando salieron las primeras manifestaciones en Damasco en marzo de 2011, lo único que se pedía era que este pueblo no quiere ser humillado. Ésta era la primera consigna, la primera pancarta. Dignidad y libertad era lo que se pedía. No se pedía ni siquiera comer, con el hambre que había. ¿Y a eso cómo respondió el régimen? Pues apalizando, disparando, torturando, a cualquiera que saliera fuese niño, mujer o mayor. Fue una reacción descompensada a unas manifestaciones cívicas, pacíficas, que salieron a pedir derechos, y la respuesta fue terrorífica. Por supuesto, los primeros seis meses, lo único que había era esto: manifestaciones por todo el país. Llegó a haber en algunos sitios manifestaciones de un millón de personas. Fue entonces cuando el régimen vio que tanta manifestación podía acabar con él y sacó el armamento pesado a la calle: sacó los tanques, las tropas especiales y empezaron a bombardear cualquier manifestación directamente. Bombardear a los manifestantes. Ahí empezó a morir muchísima gente. En una manifestación podían morir cien o doscientas personas en un solo día, y se perseguía a los heridos a los hospitales, se cogía a los heridos en los hospitales y se les torturaba y se les mataba, se cogía al personal médico que atendía a los heridos y se torturaban y se asesinaba… Fue una persecución tal que a partir de ese momento parte del ejército, algunos miembros de manera individual, fueron escindiéndose del ejército conservando sus armas para proteger a los manifestantes. Y así es como empezó el levantamiento armado.

Empezó de una forma individual. Soldados y oficiales del ejército y de la policía que estaban obligados a matar a manifestantes, se negaban a hacerlo y dejaban el ejército. Salían en la televisión, en grabaciones, y decían “yo me escindo de este ejército de asesinos y me uno al ejército libre para defender a la revolución”. Y así fue cómo se fue formando este núcleo llamado Ejército Libre Sirio que poco a poco fue aumentando de número hasta llegar a una cantidad realmente considerable. Ahí comenzó el caos.

Si quieres, puedes seguir leyendo la segunda parte de la entrevista. ¿Qué ha pasado desde entonces?

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